Crónica de 10 semanas de educación a distancia

Iniciamos hoy nada más y nada menos que la duodécima semana de educación telemática en Chester College. Quién nos habría dicho, allá el 13 de marzo, cuando se anunció el confinamiento de los alumnos en sus hogares a partir de ese domingo 15 debido a la emergencia sanitaria causada por el Covid-19, que dos meses y medio más tarde nuestros alumnos seguirían en casas y que tendríamos por delante un singular y enriquecedor proceso de adaptación inmediata a un nuevo escenario docente a distancia. Estamos satisfechos: con humildad, creemos que hemos superado el reto con creces.

 

Serán difíciles de borrar de la memoria las reuniones mantenidas entre profesorado y equipo directivo ese primer fin de semana de alerta sanitaria, todos a vueltas con mascarillas recién compradas, un tanto acongojados ante las circunstancias sobrevenidas, quien más quien menos preocupado por mantener esa “distancia social” de la que tanto se nos hablaría en las siguientes semanas. La decisión fue unánime: ante la posibilidad de que la emergencia sanitaria se extendiese en el tiempo, era fundamental implementar una solución tecnológica que nos permitiese trabajar bien, de manera ordenada e interactiva, con los alumnos de todos los niveles educativos, desde los más pequeños de Educación Infantil, hasta los de Bachillerato. En la medida de lo posible, y para facilitar el establecimiento de las tan importantes rutinas, se consideró prioritario tratar de mantener el horario escolar presencial.

 

Y así fue como, con estos criterios en mente, el martes 17 de marzo, y tras dos jornadas de formación para los profesores, arrancamos con el uso de la plataforma educativa de Google. Creamos cursos personalizados para todos los niveles y asignamos correos electrónicos. A los dos días integramos en las dinámicas las video-clases, que permitirían por fin vernos las caras. ¡Qué gusto! Fuimos así logrando que la enseñanza, a pesar de la distancia, siguiera siendo presencial.

 

Los procesos de aprendizaje fueron evolucionando, conforme se iban detectando necesidades o carencias, y en base también a las sugerencias de las familias, con las que se promovió la comunicación y el feedback constante. Enseguida resultó evidente, por ejemplo, que las sesiones de 45 minutos de video clase eran demasiado largas para los más pequeños, y se acortaron, adaptándose a la edad de los niños, destinándose el resto de la sesión de esa materia a otras tareas y proyectos a realizar por ellos. También se pulieron las formas de entregar tareas y corregirlas, y los sistemas de evaluación, y se introdujeron las tabletas digitalizadoras para las clases de ciencias, particularmente.

 

El tamaño, en la educación presencial física, pero también en la educación telemática, importa. Y éste fue un viento a nuestro favor en esta crisis sanitaria todavía en curso. Chester College es un centro pequeño y familiar, donde el promedio de alumnos por clase es de 8. Es realista para un profesor trabajar sólidamente con este número de niños de forma telemática. Puede verlos siempre a todos de un golpe de vista en la pantalla del ordenador o el televisor, hablar con ellos, promover el debate. Al igual que en el aula física, con estos números es más fácil que un alumno no se despiste o se vaya de “minivacaciones” mentales, ya sea en el aula del colegio, o desde el salón de su casa.

 

Esta ratio resulta también clave en la docencia de idiomas, donde la práctica comunicativa es esencial. Verse, escucharse. Repetir. Expresarse. Corregir pronunciación. En el área de inglés también se utilizaron las plataformas digitales de los libros de texto. El objetivo último: fortalecer los inputs en este idioma, para seguir activando la lengua de Shakespeare, tan enraizada en el proyecto educativo del centro. La máxima práctica oral se promovió también en las sesiones semanales de alemán, que también siguieron su curso, además de en las clases de lengua gallega.

 

La baja ratio también resultó clave para poder darle continuidad, sin parón alguno, a las clases de música y de violín, para todos los alumnos de E. Infantil y Primaria. ¡Un aplauso para los distintos mensajeros que se fueron llevando los violines a sus respectivos hogares, esos primeros días de pandemia!

 

¡Y qué decir de las sesiones diarias de educación física! Tan necesarias siempre, pero particularmente en un contexto de confinamiento.

 

Merece una mención aparte la preparación de la EBAU, para los alumnos de Bachillerato, que se vio intensificada con sesiones específicas de refuerzo y consolidación, así como de técnicas de apoyo para mantener el foco y la concentración, y la reflexión acerca de las metas personales y académicas.

 

Esta semana se realizaron encuestas a profesores, familias y alumnos para evaluar el periodo de educación a distancia en curso. Todavía está pendiente el análisis más pormenorizado de los resultados, pero por lo pronto, la evaluación ha sido altamente positiva por parte de los padres, en términos tanto de aprendizaje de los alumnos como de valoración del trabajo bien hecho de los profesores. Pero esto no hubiera sido posible sin el apoyo de los padres, ayudando a los peques a conectarse, creando un ambiente de estudio adecuado, y observando desde la distancia como sus hijos mayores aumentaban su autonomía frente a sus responsabilidades y metas personales. Y de las benditas conexiones a Internet.

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